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Como querías…

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     Francisco estaba muy enojado con Daniel y conmigo, razón: Estaba celoso.

No podía creerlo, ¿Celoso? Pero él conoce perfectamente la situación, sabe que sólo somos amigos y si fuéramos algo más no tendría por que estar así pues, Francisco y yo también sólo somos amigos, no tiene derecho de ponerse así, no me molestó lo que pensará de Daniel y de íí, lo peor fue que ni nos dirigía la palabra a ni uno de los dos, me había defraudado…

A mí era fácil de entender pero, ¿A su propio primo? Tendría que estar con él el resto de su vida, son familia, yo en unos años solo seré como un mueble viejo en su extraña vida, solo seré una etapa, formaré parte ahora, pero después nos tendremos que separar y es que así es la vida.

Mientras en casa todo es aburrido y tedioso, en la escuela seguimos sin ser amigos de Paco, queremos arreglar todo pero él no quiere, Antonio no quería vernos separados así que se tuvo que meter en algo que no le correspondía.

Habló con Francisco unos minutos intentando amarrar nuestros lazos, pero dijo que le resultaba muy difícil, pues él ya no quería vernos así, le dolía…  ¿Y qué? ¿Creía que nosotros estábamos felices? ¿Cómo nos podía hacer esto? A su primo… a la chica que una vez le dijo que era su mejor amiga… sólo le importaba él, me pareció egoísta de su parte el que no pensará que nos sintiéramos mal aunque no tuviéramos la culpa.

Antonio habló con él y al fin me dirigió la palabra…

     …pero no a su primo.

     -¿Por qué no le hablas a tú primo? Si me hablas a mí ¿Por qué a él no? –Pregunté cuando hablé con él, la última vez desde hace casi una semana.

     -Es que no entiendes, me lastima con lo que hace… -Respondió triste.

     -Pero, entonces también yo sería culpable, no solo él… -Quería hacerlo razonar, pero por más que lo intentaba, él se negaba.

     -Yo sé tú le gustas, yo no puedo hacer nada por quitárselo, pero me duele que lo haga.

    -Bueno, no creo que pueda evitarlo, lamento que esto suceda pero tienes que ser consiente y no actuar así. No debes comportarte de esta manera. También yo me siento culpable de esto, que tú estés así y no es culpa mía. No tienes por que enojarte ni dejarnos de hablar, no vale la pena.

     -No me digas esto, por favor, tú lo quieres a él y no a mí, esto es lo que querías, estar con él, es como querías. ¿No? Yo quiero que estén bien y felices…

     -Te equivocas en la primera parte, pero bien, si eso quieres… -Lo interrumpí levantando mi voz un poco- entonces no salgas con estas tonterías y hay que arreglar esto con tu primo también.

     -No lo haré, si tú lo quieres, así estarás bien, sin mí, sólo con tu amorcito. solos dos en este mundo vacío –Comenzaba a irritarme su actitud, pero no actué de ninguna manera, me mordí el labio inferior y sólo me digné a darme la vuelta y regresar a mi lugar.

     -¿Qué te dijo? –Preguntó impaciente Daniel.

     -Un sin número de jaladas –De verdad estaba enfadada.

     -Pero no te pongas así –Me decía tranquilo- Ya verás que esto se arreglará, no te preocupes.

     -Es que… ¡Ay! No puedo evitar ponerme furiosa y, aunque se que no es mi culpa me siento culpable –Lo miraba con tristeza.

     -Lo sé, yo también, pero hay que ver como lo arreglamos.

Inesperadamente, Paco decidió hablarnos pero sólo nos decía que ya había ido a ver la película el solo y que mala suerte la nuestra de no haber ido.

Pero nosotros no le decíamos nada. Estaba irritada.

El viernes se suspendieron las clases en la secundaria y nos propusimos salir Antonio, Daniel y yo, creímos que no sería mala idea invitar a Francisco, así que el viernes al medio día Antonio fue a recogerme y fuimos a casa de Daniel para que lo dejaran salir, y así nos fuimos a casa de Francisco para que nos acompañara, pero de mala gana salió de su casa. No quería caminar junto a nosotros, se apartaba del grupo y se quedaba siempre atrás, al fin de una calle lo perdimos y no lo volvimos a ver.

     -Seguro debió haber ido a su casa –Dijo Daniel mirándome y de reojo a Antonio.

     -Vámonos, esperarlo no tiene caso –Dijo Antonio cabizbajo.

     Fuimos a casa de Antonio y ahí estuvimos jugando Play Station, futbol, nos recostamos en ese tramo de pasto que me gusta, al que digo: serán solo cinco metros cuadrados, pero es muy lindo –aunque suene cursi- el sendero se ensancha y sobre este hay hojas secas que crujen al pisarlas suavemente, un árbol de pirul te regala de su sombra y el pasto debajo de este siempre está verde, como para recostarte y quedarte ahí el tiempo que quieras sin preocupaciones.

Era exactamente ese lugar que tanto me gusta, pero por las altas temperaturas, el pasto comenzaba a secarse, era verde amarillent y corto. La gente había comenzado a tirar basura orgánica, envases de bebidas y envolturas de dulces, incluso hasta el envoltorio de un condón pudimos encontrar ahí.

     Pero no le dimos tanta importancia, solo nos quedamos recostados bajo el pirul mirando al cielo y las nubes pasar, platicamos y escuchábamos música; Antonio se fue con alguien más a seguir jugando futbol mientras Daniel y yo tendidos sobre el frío y húmedo suelo recordamos cosas que queríamos reprimir, pero ahora lo compartíamos sabiendo que ninguno se burlaría del otro, que el otro se llevaría a la tumba su secreto, que lo comprendería y no sería grosero, queríamos recordar lo que fuera.

Estuvimos así un buen rato hasta que decidimos ir con Antonio para despedirnos y cada quien partir por su propio camino, pero él estaba tan ocupado jugando que se olvidó que traía mi celular.

     -¡Antonio! ¡Mi celular! ¡Ya me tengo que ir! –Le gritaba desde una orilla del campo de futbol (solo un terreno de tierra con tubos marcando las porterías) que esta cerca de su casa.

     -¡Si, Toño! ¡Ya dáselo, me tengo que ir yo también! –Gritó Daniel.

     -Pee-ero ento-tonces ¿Por que no te vas?, digo no es que te-te corra pero… ¿Por qué no te vas? –Dije mientras mi voz temblaba del frío que hacía que era algo extremo.

    -Sigo temiendo por ti, Jess. No me siento seguro de dejarte sola con todo eso de… te-te acuerdas. No quiero recordarlo ni estoy diciendo que te-te pasará algo malo, solo quiero saber que andas sana y salva –Dijo mirándome triste- ¿Ti-tienes frío? –Me di cuenta que no era la única con frío por aquí al oír temblorosa su voz.

     -Un poco, es que el frío es extremo… -Dije mirándolo y cubriendo mi abdomen y pecho con mis delgados brazos.

    Tortolitos! –Gritaba Antonio cada vez que volteaba a mirarnos.

     -¡Sólo apresúrate! –Le grité. De alguna forma me gustaba, no por decirle algo a él sino la simple acción de gritar me resultó estúidamente agradable.

     -¡Oye, pasaron ya quince minutos y no me has entregado el celular! En verdad  nos tenemos que ir ¡No te quitaré más de treinta segundos! –Insistía yo.

     -Está bien, cálmate. Ten, Jess –Dijo mientras me entregaba el celular.

     -Gracias –Dije fría en voz y cuerpo- y casi le arrebaté de las manos el teléfono.

Volví a casa casi corriendo. Me estaba congelando.

En casa todo sigue frustrante, el sábado durante la cena, Nayeli estaba con su novio Andrés en la sala viendo la televisión, mientras mis padres y yo en la cocina. Mi madre haciendo mucho ruido buscando no sé qué cosas, mi padre sólo bebiendo su avena y yo bebiendo leche.

Intento hacer bromas para reír un poco y alegra el ambiente (nótese que soy un asco en eso), pero mi madre pone mala cara a todo lo que digo.

     -No todo en la vida es juego, ya debes tomar las cosas enserio –Dijo frívolamente, yo sólo me le quedé mirando, ella sabía que era una broma.-¿Qué? ¿Te vas a enojar por lo que te dije? –Parecía estarse burlando, negué con la cabeza y se giró de nuevo a hacer ruido en el despensero –Ya no soporto tu actitud, Jessica  -¿Mi actitud?  Dije para mis adentros, ella es la que estaba como paranoica creyendo que me había molestado por sus palabras. -Te has hecho muy irresponsable, rezongona, floja, ya no eres tan disciplinada como antes, tus desempeño académico disminuye siendo tan fácil la escuela, ¿Qué te pasa? –Se quejó.

Mi padre no decía nada y yo trataba de no decirle nada a mi madre. Yo agradezco en ocasiones sus regaños por que sé que me pueden servir en algún momento de mi vida. Creo que he madurado muy poco –Sea lo que sea que eso signifique- pero me reclama calificaciones cuando ella obtuvo mucho peores. Se queja de que estoy apagada, me rio con ella de vez en cuando y me dice que la tengo harta. No sabía que decirle para no empezar otra pelea y guardé silencio.

     -¿Qué? ¿Por qué te quedas callada? –Como si quería que discutiéramos, como si a mí me pareciera un frenesí pelear y ver las peleas.

     -No quiero discutir –Dije casi en susurro.

     -Ah, entonces, ¿Quieres pelear conmigo?

     -¿Que no me oíste? Ya te dije que NO QUIERO DISCUTIR –No quería ser grosera, pero creo que no pude evitarlo.

     -Ya te comportas igual que tu padre, con sus respuestas tan agresivas y su forma de ser. Qué horror –No respetó que mi padre estuviera ahí. Mi padre podría enfadarse por muchas cosas, embriagarse los días que hay visitas, pelearse con mi madre y discutir con mi hermana, pero es mi padre y lo quiero. Mi madre parece que ya no hacerlo y no tolero verlos así.

     -Ya me voy –Me levanté de la mesa y deje el vaso sucio en el fregadero.

     -Ya te enojaste… -“No… estoy feliz” Me dije con macabro sarcasmo.

Me lavé los dientes y fui a dormir. Escuchaba a mis padres hablar, pero no decían cosas normales como: mañana compraremos la comida de la semana, ¿Qué pasó ayer en tu trabajo? No, Esto no era así, eran cosas como: -estoy harta de la actitud de todos, yo me esfuerzo y ninguno de ustedes hace absolutamente nada, -si lo hacemos, pero tal vez tú no te des cuenta, -ya déjame en paz.

La discusión tocó otros rincones. Otra voz se unió. Un golpe en la puerta. Más gritos. Esa voz en la habitación nueva...

Estoy recostada en mi cama y siento mojadas mis mejillas. Maldita sea. Lagrimas ya habían brotado de mi ojos de nuevo y ahora, sin darme cuenta.

     Recordé lo que Inel había prometido, como ese amigo imaginario no es real y está aquí para consolarme, para escucharme y abrazarme cuando lo necesitaba, para ser mi hombro para llorar, ser mi escudo contra tristeza, ser mi manta contra el frío, mi pañuelo de lágrimas, mi sombra en  la oscuridad, mi compañía en la soledad, mi felicidad en la tristeza, ser yo en mi propia ausencia…

Me dormí y mi cabeza me permitió verlo de nuevo. Ahí estaba, sentado en la oscuridad de aquella habitación que parecía estar llena de sangre y manchas negras, al verme se levantó y me tomó de la cintura.

     -¿Cómo has estado sin mí? ¿Todo ha ido bien? –Preguntaba nervioso. Negué con la cabeza.

     -He tenido cosas buenas y malas desde que te fuiste, pero las malas me preocupan demasiado sin poder evitarlo –Mascullé.

     -Lo siento, corazón. Debió ser un martirio para ti y yo sin cuidarte como debía. Lo siento pero, quiero prepararte para cuando estés sola.

     -Un martirio –Acordé.

     -Pero debes aprender esto para cuando estés sola.

     -Pero yo nunca tendré que estar sola, con alguien viviré,  ¿No? –Dije nerviosa.

     -Si, eso es cierto, pero de alguna manera no tendrás a tu familia cerca… -Su voz cambió de tono, cada vez era más grave.

     -Está bien, tendré que enfrentarlo –Admití.

     -Seguro que lo harás bien, volveré pronto, ¿Si? –Dijo en mi oído y me regalo un abrazo mientras estábamos sentados en una banca,  juntos y él a mi izquierda, yo torpemente intenté devolverle el abrazo y me recargué en su hombro izquierdo, y él en el mío. Me soltó.

     -¿A dónde vas? –Susurré.

     -Por ahí –Escuché su aterciopelada voz en el aire- No temas, estaré aquí.

De nuevo, las luces se encendieron cuando él estaba de espalda  caminado hacia el frente, giró su cabeza y era el momento de ver mínimo su perfil, pero como si el sol estuviera ahí. Sus brillantes rayos me cegaron y no distinguí su rostro, caí ante la luz y cada vez más lastimaba mis ojos, de pronto, un montón de nubes grises y lluvia ocultaron al sol y sentía las gotas en mi rostro como un velo frío, un sonido extraño le acompañaba y desperté.

     Mi hermana se estaba peinando y el sonido del sueño era el del atomizador y me caía la leve brisa de agua que brotaba de dicho aparato.

 

El asunto de “Los Malos” en la colonia con los que tenían problemas mis amigos, y temían por mí, sigue sin resolverse. Aunque ya nadie los visto por aquí, seguimos teniendo algo de miedo, solo somos unos niños de catorce años que tienen una vida por delante y que no pueden defenderse de una anda de malosos. Niños en cosas de adultos, que incluso, tal vez lo mayores no puedan resolver.

Hemos tenido todas las precauciones y cuidados, nos mantenemos en contacto –Ahora solo Daniel y yo- y estamos alerta, aunque creemos que ya no será necesario. 

     Llamé a Rubí a su celular para saber que ha pasado con su “problemita” y como es que lo dijo a su familia.

     -¿Qué sucedió con lo de tu “Problema”? –Solté de tope.

     -Estoy tan feliz, no sabes… te iba a hablar, pero como tu celular no tiene señal en tu casa, a la escuela no te puedo llamar ni a tú casa, pero… te deje un mensaje en tu correo, ¿No lo has leído? –Decía cada vez más acelerada.

     -No, no he abierto mi correo desde hace un tiempo corto, pero, ¿Dime qué pasó? –Aún tenía mucha curiosidad y, más que eso, quería saber que pasaría con su vida.

     -No era cierto, fue solo un desorden hormonal y… no quiero hablar de ese tipo de cosas ahora, bastante es tener que escucharlo en la escuela, de las vecinas chismosas y la televisión educativa que mejor hablamos de otra cosa –Repuso, pero no me convencía.

    -¿En verdad no estás…? –Seguía teniendo mis dudas.

     -No, que va. Jimmy me llevó con un doctor y ahí fue cuando me aclararon todo… -Sonaba bastante feliz.

     -De acuerdo –Seguía sin convencerme- Y… ¿Qué otra cosa me cuentas? –Decidí que sería mejor cambiar de tema aunque comenzaba a dudar que tal vez no había dicho enserio “eso” la ocasión anterior, comencé a desconfiar en ella.

      -Nada divertido. Oye, que te parece si salimos un día de estos, ¿Que te parece?…. Mmm ¿Mañana? –Propuso.

     -Está bien –Salir con ella siempre me distraía de todo. Si te pierdes como no vas a distraerte...

     -A las tres de la tarde estaré en tu casa. Adiós.

     -Adiós –y corté la comunicación.

 

Mientras pasaban las horas, seguía esperando a que el día terminara, sus palabras no se desprendían de mi cabeza.

Es como querías. Que estupidez más grande ¿Quién va a querer que un amigo –estando muy escasos- se aleje de su lado, a excepción de que sea realmente necesario?

Paco me guardaba rencor por algo que no podía evitar o controlar. Yo quería arreglarlo y él se negaba, así que no le estaría rogando por que me hablara, tomé la decisión que tomé con Daniel hace poco más de un año.

     En la escuela, Francisco no asistió a la escuela, por lo que Daniel y yo pudimos hablar abiertamente.

     -Dice Jesús que Francisco le dijo que no nos habla –Reía al hablar- por que dice que lo utilizamos. Yo por que le pido la tarea  excusa para salir contigo y tú… no se lo dijo ni a Jesús –Me dijo Daniel muy serio al final.

     -Pero que tontería, si el que copea la tarea del otro es él a ti, y no creo que lo uses de excusa ¿O si? –Juntamos más nuestras butacas al darnos cuenta que muchos nos miraban.

     -Lo sé, y no, no lo uso de excusa, yo sólo digo… o decía “Voy a bajar a casa de Jessica” y él dice… decía “Voy contigo” –Admitió.

    -Lo ves, no tiene por que decirle calumnias a los demás, menos a los que no  les importa –Levanté a voz al darme cuenta que muchos se habían juntado para vernos juntos. Se alejaron.

Tantos ojos sobre mí es asfixiante.


 Llego a mi casa a las dos treinta, una hora después de lo de costumbre. Todo por estar hablando con Edgar en el Cyber que él atiende.

Al cruzar mi pequeño zaguán blanco, miro a mi abuelo que ya pintó los cuartos que le están construyendo para vivir y lo invito a comer conmigo.

Las tres de la tarde y Rubí se asoman por mi ventana para no tocar y saliera mi abuelo.

     -Voy al parque –Grité después de cerrar la puerta.

     -Sí –Escuché la voz ronca de mi abuelo al salir de mi casa.

     Estamos en el campo y vagando por la colonia.

     -¿Y estás “solita” en estos días? –Preguntó Rubí con sorna.

     -Sip, pero no está mal, al  menos para mí. Yo sé que tú estarías llorando por alguien y eso no es bueno –Mi voz sonaba seca, sin ánimos.

     -He admitirlo, es verdad. Pero creo que tú no eres como yo en ese aspecto, tú estás bien sola y con chico. Yo no sé que tenga que me gusta más tener niño. Pero bueno, cada quien es como quiere –Aceptó.

     -¿Por que te regresaste a vivir acá? –Pregunte eufórica. El resto de la palabrería podía irse al demonio.

     -No regresé a vivir, más bien vine por un tiempo a estar con unos tíos, por eso aproveché para verte.

     -¿Cuánto tiempo estarás aquí? –Pregunté ansiosa, no pude evitar emocionarme.

     -Sólo unos días. Tal vez… una semana como máximo –Respondía si ánimos.

     -Y… ¿Cómo sientes… después de eso? –Yo me refería con lo de casi ser madre, el susto y esas cosas. Debe ser difícil para una niña de quince años apenas cumplidos, a pesar de que ella fuera la responsable.

     -¿A qué te refieres? ¿A lo de ser “casi”  madre? ¿O es otra cosa? –Me sonrío al decir “otra cosa”.

     -No, me refiero a lo de la maternidad…

     -Pues me resultó increíble de asimilar y sentía morir… como fui tan estúpida, inconsciente, inmadura, imbécil, tarada, boba, tonta… como quieras decirlo. Me arrepentí de lo que había hecho, más bien de lo que no hice, pero no había vuelta atrás… -El tono de su voz fue cayendo conforme terminaba de hablar –Así que cuando le dije a Carlos, estaba muy nerviosa, pero a pesar de estar muy enfadado, fue comprensivo, ¿Sabes? Lo quiero mucho, no por qué me encubrió y me ayudó, sino por que me apoyó aunque sabía que había sido una idiota por lo que hice. Me estoy haciendo igual que el resto de las mujercitas tontas del alrededor… menos tú, y bueno, otras excepciones. Por favor, no cometas mis errores, te aseguro que no quieres pasar por esto –Ahora parecía decirlo enserio, casi lloraba al decirme esto. El otro día estaba pensando, esto es como querías, yo sola pude haberme arruinado el futuro por un ratito… Al hablarlo con Gerardo, él se puso muy serio y dijo “Bueno, es algo difícil, cielo. Pero no te dejaré, sé que también es cosa mía, aunque yo sea casi cuatro años mayor que tú y tal vez no pueda sostener una casa, haré lo que sea para no dejarte en la calle” –regresó a su tono de voz- Y me abrazó, casi lloraba en la parte superior de mi cabeza.

     -¿Y aún sigue contigo? –Si el muy patán la había dejado…

     -Sí, de hecho, está con Jimmy en el auto y estan esperando a ver quién baja. llamó, pero al parecer nadie contestaba. Contó una anécdota graciosa meintras tanto. El timbre de su celular sonó y contestó veloz.

     -Dime, Jimmy… -Pausó- De acuerdo yo le diré- Colgó.-Tu hermana ya bajo del camión de su trabajo, está arriba en la iglesia, tal vez ya debas irte… -Entristeció.

     -Está bien –Aseguré- Háblame en cuanto llegues a tu casa –Grité al alejarme sonriendo. 

En la escuela, Francisco al fin asistió a la escuela, pero no nos habló, sólo percibiríamos su mirada de furia sobre nosotros, y contaba sus penas a todo el mundo. Como si lo hubiéramos golpeado o algo peor.

     -Antonio canceló la salida con nosotros –Dijo enfurecido Daniel mientras su rostro se tornaba de rojo- Paco lo invitó a un lugar a practicar Parkour, aunque ninguno de los dos sepa.

     -Maldita sea –Completé.

     -Sí –Resopló.

     -Ya, da igual –Pregunté angustiada de que así, ya no me permitieran ir a ver mi película esperada.

Me volví a la libreta. Recordé de la nada lo que Inel dijo. Algún día estaría sola, pero quería pensar que para eso faltará mucho tiempo. Aún no estoy lista.

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Comentarios Como querías…

Hola! jaja
bno na mas vengo a comentar
kmo t vi n el blog d una amiga
jejeje dije "x q no pasar a ste??"
jejeje soii fan d MCR
jeje pazat al mio okiz?
biie
mcrkissesmuaxmuax

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